algunas cosas nunca cambian

hay cosas que se quedan,
como suspendidas en el tiempo.
sólo se nota el pasar de los años,
con pequeños detalles imperceptibles.

una docena de años no bastarían,
para remover la estática que adorna.
el salero está justo donde lo recuerdo,
sin ánimos de romper la rutina.

ahí es donde vuelvo,
cada vez que me encuentro.
incapaz de parar el tiempo,
incapaz de guardar lo que siento.

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