mi escondite

¿será el efecto anestésico o simplemente el exceso de cloro? no sé, pero esto empieza a tener un aire profético que me empuja, embriagante. una fuerza que me orilla y pide respuestas. permanezco recostada con la luz a medias, episodios intermitentes entre somnolencia e impresiones. mi pie enroscado en el hilo, queriendo jugar y confirmar la condición tangible. el fuego parpadeante de la vela despide un aroma burlón y me echo a reír. veo como cae la cera, desfigurando la forma irónica. a cualquier otro le hubiera parecido lamentable, a mí por el contrario, me parece justo y necesario. no es ningún secreto que me cueste trabajo asimilar los cambios. comienzo a preguntarme lo que he querido evitar. la respuesta es no, nunca había estado tan cómoda. naturalmente, me refiero al espacio y al tiempo exacto y a todo. y lo que rodea: los libros empolvados, lo que cuelga del techo, lo que puse en el estante de arriba (y que prefiero ignorar), la cajita de música y el pasaporte. cierro los ojos y siento empapada la almohada. me hubiera secado el cabello. ahora no, tengo sueño. espero no amanecer con dolor de garganta. francamente me da pereza apagar la música, también. trato de acondicionar lo que está al alcance de mi brazo (tirar al suelo las revistas), retiro los anteojos... lo demás será mañana.

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