en cada rincón

Sí, lo admito: Monterrey y yo a menudo no nos entendemos. La relación con mi ciudad natal ha estado poblada de desencuentros, pero cualquier atardecer puede tomarme desprevenido y de pronto, sin decir agua va, vuelvo a ceder al vicio de perderme en alguna calle improbable en donde cada esquina me cuenta alguna anécdota de ese híbrido ficcional que jura ser mi pasado. La cartografía regia yace repleta de historias que a estas alturas no sé si imaginé o sucedieron. Podría afirmar (como Campbell de Tijuana) que el Monterrey de mi nostalgia es un Monterrey que ya no existe y que a estas alturas no sé si alguna vez existió, pero con sorpresa descubro que en mil y un esquinas regias divaga errante la historia de mi vida. Lo más peligroso es cuando la contemplación de las montañas con sus negros sombreros de nubes vuelve a tomarme rehén y reparo en que la saudade está al acecho en cada rincón de esta tierra mía.

Daniel Salinas Basave

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