instrucciones para extrañar a alguien
Siento que me he vuelto tan experta en extrañar personas, que bien podría explicar los pasos a seguir para completar esta actividad con éxito. Lo primero que uno debe hacer es impregnarse de impresiones sobre la persona en cuestión, con esto quiero hacer una analogía para decir que es necesario hacer como las gardenias hacen al olfato de cualquiera. O como diría el compositor Agustín Lara "un nomeolvides convertido en flor". Es indispensable llenarse de aquello que distingue al espécimen a extrañar, los pequeños detalles que lo hacen único. Para identificarlo hay que pender de eso que nos hace reír, como cuando él compara tus manos con la policía secreta de un país fascista, archivar su voz diciendo buenos días, recibir un mensaje de texto en otro idioma y tener que deducirlo; o las situaciones que nos producen enrojecimiento, como
cuando él te pide que cuentes un chiste sabiendo que eres pésima. Y además de las actitudes hay que tener en mente aspectos tangibles como lo son las texturas de su camisa, el sabor de miel del desayuno, el olor a madera, la canción que recitaba al cocinar y el tono exacto de su cabello. Son esenciales las cosas pequeñitas, pero también lo son las trascendentales, recordarás el momento en que sostuvo tu rostro entre sus dedos y te dijo que eras la cereza del pastel, y el lugar donde lo viste por primera vez. Será tan ajena la primera impresión, el juicio premeditado que tuviste de él y pensar en la ironía de creer que simplemente "no era tu tipo". Una vez completada la primera fase viene la separación. Esta debe ser dramática, si es posible. Las lágrimas son opcionales, preferentemente posteriores al instante clímax. Pero lo que no debe faltar, son las frases trilladas que al despedirse se dicen y que formarán parte del acervo al extrañar, procurar no manifestar promesas que ya de por sí serán excesivas e innecesarias. Finalmente hay que abandonarse ante la actividad de echar de menos: repetir escenas, construir continuaciones ficticias, contemplar una fotografía y sentir una opresión en el pecho, conservar el par de monedas que dejó olvidadas sobre tu mesita de noche, posar el índice sobre el doblez de una camisa, descartar la miel, pasar en frente de una carpintería, escuchar la canción en un bar y... desistir de seguir enlistando lo que se hace cuando uno se abandona ante la actividad de echar de menos, porque sinceramente lo que a mí me gusta es recordar de cuando estábamos juntos.


